Feliz año nuevo. Empezamos, como siempre.
Decimos adiós a otra oportunidad de cambiar nuestras vidas y abrimos 365 días más en los que soñamos con ser mejores.
Un nuevo capítulo que llenaremos de intentos, de avances y retrocesos, de aprendizajes y decepciones, de caricias y rencores.
He vivido, he disfrutado, he sentido y me he equivocado. Soy tan solo un cúmulo de aciertos y desaciertos, y a partir de ellos soy esta persona: una madre, esposa, hija, amiga, colaboradora, empresaria, creadora; la misma soñadora de siempre.
Hoy, como tantas veces, me duelen las cosas que han cambiado, lo mucho que todo se ha complicado, lo que he perdido y lo que no he logrado. Sin embargo, todavía agradezco, incluso desde el lamento, porque sé que lo que tengo, pocos han logrado concretarlo.
Es ambivalente. Es irónico. Es frecuente.
No soy la única a la que le pasa.
Soy más de lo mismo y todo lo contrario,
y aun así —o precisamente por eso— sigo aquí,
empezando otra vez.

